Este artículo de Alberto Carrillo-Linares analiza la evolución del movimiento estudiantil en la Universidad de Sevilla, la Hispalense, durante los últimos años del franquismo y el inicio de la Transición. Tras una etapa de fuerte represión y estados de excepción a finales de los años 60, el activismo se intensificó en la década de los 70 mediante estructuras asamblearias como los «Comités de Curso». A partir de 1973, las protestas abandonaron su fachada académica para adoptar una forma claramente política, con una proliferación masiva de siglas y partidos clandestinos que buscaban el fin del régimen. El texto destaca hitos como el rechazo a la Ley General de Educación, la solidaridad con el movimiento obrero y la respuesta ante las medidas represivas del gobierno. Finalmente, se subraya que la universidad fue un foco fundamental de resistencia que no solo desgastó a la dictadura, sino que también formó a las futuras élites dirigentes del país.
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