El artículo analiza el papel de las mujeres rurales y agrarias españolas como agentes de cambio social en dos momentos históricos clave: el primer tercio del siglo XX y las décadas posteriores a la Transición Democrática. La autora parte de la constatación de que las campesinas han sido históricamente invisibilizadas en la historiografía, víctimas de una triple marginación por ser mujeres, rurales y trabajadoras. Con la modernización de la agricultura, las mujeres quedaron relegadas a la categoría de «ayuda familiar», sin reconocimiento jurídico, social ni económico, mientras los hombres asumían el protagonismo como empresarios agrarios. Ante esta situación de precariedad, las campesinas españolas alzaron su voz y se organizaron para denunciar la discriminación salarial, la exclusión de la Seguridad Social, la falta de formación profesional agraria y la carencia de servicios básicos en el medio rural. A través de sindicatos como CC.OO., exigieron plena representación y participación en las estructuras de poder agrario. En el primer tercio del siglo XX, el éxodo masivo de jóvenes campesinas hacia las ciudades, motivado por las duras condiciones de trabajo y la subordinación patriarcal, evidenció también su capacidad de decisión individual. La autora concluye reivindicando la necesidad de reconocer a las mujeres del campo como sujetos históricos activos, impulsoras de democratización y transformación social.
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