El objetivo del artículo es analizar el papel del movimiento vecinal andaluz durante la Transición, destacando cómo el uso de acciones disruptivas permitió a las clases populares conquistar espacios de poder. El autor sostiene que la legitimidad política de estas organizaciones se forjó en la protesta callejera frente a la precariedad de los barrios periféricos. La investigación examina cómo la presión social forzó a las instituciones a negociar, convirtiendo al vecindario en un actor político clave.
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